Buscando, buscando, debajo puedes buscar:

Uno mismo es un abismo.

Uno mismo es un abismo.
Agua la mar y el cielo, agua en tus ojos y en mi saliva, en el río agua.

jueves, marzo 18, 2010

Tiempo libre...
















¿Por qué medir el tiempo?

Preguntamos incrédulos al capitán; más bien, quien formuló la pregunta fue Adan, cuya voz era el eco de la conversación que habíamos tenido hacía poco tiempo. Sin esperar respuesta, Adán siguió diciendo que en todo caso no era lo mismo vivir en estas profundidades que vivir en la superficie, ya que, por ejemplo, aquí, nuestra percepción del transcurrir no está acompañada de la luz natural. Se quedó pensando un momentito y después conjeturó que si los humanos no fuésemos seres de la superficie sino habitantes de este inmenso paraje acuoso donde no cabe hablar de días o noches, donde la existencia se experimenta sin la luminosidad del sol cuyos rayos no penetran hasta este mundo, entonces, seguramente, tendríamos una idea muy distinta de la temporalidad.

–[1. El tiempo no es el mismo tiempo en todos lados; 2. Puede decirse que el tiempo no es el mismo tiempo para todos los seres; 3. No hay un tiempo único para toda la humanidad; y, 4. Hay un tiempo distinto para cada ser humano]–.

Hipotéticamente – Adán hablaba muy convencido –, suponiendo que decidiéramos quedarnos a vivir aquí, por las ventajas que ello tendría para el trabajo que hacemos; si decidiéramos no volver más a donde están nuestras casas, a la tierra firme, seca y tocada por la luz solar; al permanecer aquí, en forma paulatina, nuestra percepción del tiempo se iría volviendo distinta a la que tenemos ahora. Es más – agregó emocionado –, podríamos poner en marcha la idea de crear nuestro propio calendario y nombrar el transcurrir de otras maneras, que nunca se repita, nunca más, un lunes o un sábado, que cada instante sea absolutamente nuevo, hasta en el nombre.

Adán calló, todos callamos, no se por cuanto tiempo. Entonces, de repente, hablé, y dije que si nos quedásemos aquí, a vivir, y que si luego otros nos siguieran y pobláramos con estaciones submarinas el fondo abisal, los nacidos en las profundidades ya no sentirían, ni pensarían, ni entenderían el tiempo como todavía lo hacemos nosotros. Luego sonreí, porque me alegré al pensar que nunca más escucharía villancicos, esas canciones que cada supuesto fin de año encadenan en sus letras, gracias a su hechizo de palabras, el transurrir del tiempo que vuelve engañosamente a ser el mismo: otra vez navidad, otra vez los peces que beben en el río, otra vez los pastores, otra vez los magos que visitan al recién nacido; una vez más nace el aclamado rey, cuyo mensaje fraterno todos han olvidado... [la navidad es tiempo de gastar dinero, de hacer suntuosas cenas y falsas promesas. En navidad, el amor es lo de menos]... Dije que, por fortuna, podríamos olvidarnos de volver a ver tantos tontos afanes humanos por festejar todos esos días considerados "especiales" por millones de gentes, esos días que las personas celebran cada año, aunque sin saber bien, o ignorando por completo, el por qué de la celebración, festejando, porque siempre ha sido así, por costumbre, sin sentir, una y otra vez. Mejor sería que cada uno celebrara aquellos días realmente significativos pero para su propia existencia, que celebrara aquello que ama, no aquello que le dicen que es bueno celebrar. Volvimos a callar por unos instantes, que la verdad no se si fueron cortos o largos. Luego,emocionado y poniéndose de pie, Adán exclamó:

– ¡Desertemos de una vez! Aunque volvamos a la superficie, aunque volvamos a ver el sol y a pisar la tierra firme, cuando regresemos hagamos de nuestras vidas regiones atemporales, o regiones con un tiempo propio, en donde el transcurrir no sea un círculo vicioso, en donde no se repita el nombre de los días; que no haya manecillas, que podamos experimentar ser libres del absurdo y humano afán por asir aquello que de todos modos se nos va de las manos, como agua entre los dedos... ¡Que el suceder manifieste su absoluta novedad! ¡No aceptemos más hablar de eneros, o de mayos, pensemos sólo en el tiempo nuevo, en amaneceres y noches sin nombre y sin fecha!

Yo creo que Adán estaba experimentando en su interior un gozo y una pasión envidiables. ¡Desertemos! – hablaba como dispuesto a iniciar una revuelta – ¡Demos la espalda a la absurda obsesión humana por la medida y la exactitud, exactitud que de todos modos se nos escapa, porque, paradójicamente, resulta inexacta, incapaz de decir algo cierto sobre el tiempo, porque el tiempo no es su cronometraje! ¡Que cada uno de nosotros sea su propia temporalidad! ¡Vivamos queriendo ser libres de cronómetros, de almanaques!...

Volvimos a callar, no se si mucho o poco tiempo. El capitán, hacía rato que había vuelto su cuerpo hacia uno de los cristales de la nave y en ese momento miraba fijamente el lugar en donde se movían dos hermosísimos y singulares seres, cuyos cuerpos transparentes poseían su propia fuente de luminosidad. Luego, sin volverse, y sin dejar de mirar a las criaturas, dijo con voz calmada:

– Bien. Por ahora se acabó el tiempo libre, ya cada quien sabe lo que tiene por hacer, ¡vamos, todos a trabajar!.

Sólo escuché el mandato, no volteé a ver al capitán cuando dio la orden porque yo también contemplaba con total embeleso a esos dos seres separados de mi por un cristal y un abismo. Pensé en el sentido que para los humanos tiene medir el tiempo; pensé en que si no lo midiéramos, aquí debajo, sin sol, sin luz del día, podríamos enloquecer. Pensé en la locura, en si tenía sentido decir que hay libertad en el sinsentido. Me pregunté qué es la libertad. Miré hacia donde estaba Adán y hasta me pareció que se veía distinto.

Sin excepción, todos permanecimos en silencio hasta la hora de la comida.

No hay comentarios:

Publicar un comentario